Hasta hace poco me decidí a leer la aclamada y famosa novela de Vladimir Nabokov, pero debo decir que la experiencia no ha sido agradable.
Sin embargo, debo hacer mención que está magistralmente escrita, el estilo es impecable, las referencias culturales a la Norteamérica de los cincuenta están fiel y cínicamente retratadas, en un estilo que atrapa y se mantiene a lo largo de toda la historia.
Como literatura, es decir, desde lo estrictamente literario, forma, narración, redacción, puedo decir que es excelente, lo que me perturba es el contenido.
Básicamente Lolita es el diario íntimo de un intelectual europeo, pederasta retorcido y enfermo. Un repugnante abusador que mantiene secuestrada a una niña de doce años para violarla repetidamente en un alucinante viaje por los Estados Unidos, cuya sociedad se hace de la vista gorda durante todo el periplo. Intentando justificar o minimizar el alcance de su crímen. Pero lo va narrando de forma poética, erudita y casi sublime. Lo cual vuelve la historia, aun más perturbadora.
No sé, bajo qué conceptos o distorsión de la realidad es que algunos críticos hablan de “una historia de amor”, o de un pobre enfermo mental, sufriendo a merced de una perversa y corrupta niña. Será porque su primera publicación la hizo una editorial a la que consideraban como de contenido pornográfico.
Es la crónica de un interminable aterrador estupro cometido a una infante, que es convertida casi en forma literal, en el significado del latín, e la palabra, infans (el que no tiene voz), porque quien narra todo, es el perpetrador, no la víctima.
La niña no disfruta en ningún momento ni su situación ni su relación perversa. Y Nabokov nos da varias pistas, como cuando Humbert confiesa que lolita lloraba todas las noches cuando el violador fingía dormirse.
Pero ojo, Lolita no es una apología al delito y a la pederastia, es una advertencia, de cómo se puede disfrazar y normalizar un delito, para edulcorarlo y disminuir el escándalo.
Por eso precisamente, provocó escándalo, y muchos lectores malinterpretaron el libro y su mensaje. Para colmo la película de Kubrick no ayudó mucho, por su estética, que volvió cliché la imagen y el término “Lolita”, por eso el mismo Nabokov dijo en una ocasión:

“Lolita no es una niña perversa. Es una pobre niña que corrompen(…) Y es muy interesante plantearse, como hacen ustedes los periodistas, el problema de la tonta degradación que el personaje de la nínfula que yo inventé en 1955 ha sufrido entre el gran público. No solo la perversidad de la pobre criatura fue grotescamente exagerada sino el aspecto físico, la edad, todo fue modificado por ilustraciones en publicaciones extranjeras (…). Representan a una joven de contornos opulentos, como se decía antes, con melena rubia, imaginada por idiotas que jamás leyeron el libro”.
Es una novela complicada, una trampa para incautos, y creo que nunca sabremos si Nabokov creó a Humbert a propósito para verter sus ensoñaciones y perversiones íntimas, considerando que el tema se vuelve recurrente en sus obras, o si lo hizo para advertirnos de la normalización que podemos impregnar a este tipo de crímenes, que han sido parte de todas las culturas humanas, casi desde el aparecimiento de la civilización. Sobre todo porque él confiesa haber sido víctima de abusos de parte de un pariente.
El problema se da al momento de la identificación con los personajes, podemos caer en la trampa de creerle a Humbert, pese a todas las advertencias y revictimizar a Dolores Haze al convertirla en lo que su violador dice que es.
Indagando un poco más, parece que el personaje de la niña fue inspirado en el caso de Sally Horner, una niña de doce años que fue secuestrada y sistemáticamente abusada durante 11 meses por Frank La Salle, un expresidiario que había sido condenado por abusos infantiles. El hecho de que estuviera libre solo da lugar a pensar en la facilidad con que se evadían, (o evaden) estos crímenes en los estados unidos.
Pese a la negativa de Nabokov de haberse inspirado en esta historia, los hechos son calcados y se dieron antes de que la novela fuera publicada.
Como dije, la novela no es fácil y no debería ser abordada a la ligera, creo que no depende de las ideas que uno tenga sobre las relaciones “amorosas” entre viejos y jóvenes, sino más bien entre adultos y niños.
Entonces es que las vívidas descripciones de la agresión se vuelven “excitantes” o “repugnantes”. Ahí es donde reside la polémica, porque desde la perspectiva del personaje, son una forma de poner al lector de su lado, desde la del autor es una cruel y cínica manipulación al lector.
Lolita es la narración de una tragedia, de un crimen, desde el punto de vista del delincuente, pero en medio de una sociedad que lo permite, esto es lo verdaderamente terrorífico.
Algunos escritores, sobre todo escritoras han hecho sus reinterpretaciones, como Lola López Mondejar con su novela “Cada noche, cada noche” que trata sobre Dolores Schiller, quien acaba de saber que padece una enfermedad incurable y, antes de recurrir a un suicidio asistido, como ha resuelto hacer, decide revelar su secreto: cuando cumplió veinte años, su padre le hizo entrega de los diarios de su madre, fallecida al dar a luz. Su madre era Dolores Haze, “Lolita”.
Creo que la novela seguirá generando ríos de tinta en un debate interminable de interpretaciones y reinterpretaciones, porque no deja indiferente a nadie, aunque la historia no nos guste.

