La Carreta Chillona

La carreta chillona

Estamos ante una leyenda que creemos, es cien por ciento salvadoreña, fruto propio del imaginario popular, según parece a merced de un hecho histórico y que con los años y las deformaciones de la tradición oral ya forma parte de nuestra identidad cultural e inconsciente colectivo, en el más puro nivel jungiano.

Tratándose de una leyenda popular cuya transmisión ha sido preferentemente de forma oral, existen muchas versiones de esta, tantas como para escribir un libro solo de la carreta chillona, según el consejo de los tipos míticos de aquel famoso podcast (1). A tal punto tiene variaciones locales que casi podríamos decir que cada pueblo o municipio tiene su propia exégesis del mito, aunque la mayor parte parece confluir en ciertos puntos esenciales que detallamos a continuación.

En resumen, durante la madrugada, después de las doce de la noche, en ciertos días, algunos dicen que los viernes, se escucha en la calle aledaña a las casas, de preferencia en las que llevan al cementerio local, un fuete rechinar de ruedas de carreta contra su eje, algunas veces se escuchan cadenas o huesos que se arrastran al moverse la carreta.

Si alguien se asoma a verla, lo que divisará es que la carreta, no lleva bueyes, parece que va avanzando por sí sola o en otras versiones la arrastran hombres o mujeres envueltas en mantos negros o blancos, viaja hacia atrás y su baranda está hecha de huesos humanos, como fémures o húmeros, coronados por calaveras humanas.

Puede ir cargada de cadáveres u otras cosas espeluznantes, a su paso la tierra puede temblar, puede que lleve boyero o no, según quien cuenta la leyenda.

El verla produce un efecto similar al de ver a la Siguanaba en su forma de monstruo, se pierde la cordura, entran fiebres, se sufre mucho y a veces termina en la muerte del que la ha visto, pues la carreta se encarga de llevarse las almas de los muertos o de quienes la vean pasar.

Si la persona se encuentra en la calle después de la media noche y la escucha acercarse, debe cerrar los ojos y evitar verla a toda costa y si la carreta pasa sin que sus ojos se hayan posado sobre el vehículo fantasmal, esta persona se salvará, se recomienda rezar mucho en un trance semejante.

Esta sería en resumen la leyenda de la carreta chillona en su versión más popular, no es la única, ni la “correcta” es tan solo una de tantas, por lo que es muy probable que si usted, amable lector, es salvadoreño, de seguro la versión que conoce difiere de la que está anotada arriba y no se preocupe porque de eso se trata, de conocer.

(1) Tipos Míticos cuentan Mitos típicos

Esta leyenda y muchas más en el libro “Mitos y leyendas de El Salvador” disponible en Amazon

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