La lógica de las tinieblas – Alberto Masferrer

El bien, produce el bien, y el mal, el mal, he dicho alguna vez. Dios no se contradice.

Él ha ordenado que toda semilla germine, y que produzca siempre el mismo fruto.

Así es lo moral. Y es de tal manera inflexible la Naturaleza, que a pesar de todos los esfuerzos y de todas las arremetidas de la voluntad, no sacaréis de una acción cualquiera, sino los resultados que necesariamente se han de producir.

No es lo mismo edificar sobre arena, que sobre roca; ni se funda lo mismo sobre la luz que sobre las sombras.

Si pensáis que en servicio de una gran causa; que por realizar altas miras podéis valeros del soborno, de la traición, de la ingratitud, de cualquier medio infame; y que ya vencida la necesidad, arrollado el obstáculo, volveréis fácilmente al sendero de la justicia, andáis errados.

Cuando se pacta con la noche, se aceptan de antemano todas sus oscuridades.

He oído decir a muchos: “una revolución debe contar con toda clase de elementos, valerse de todos los medios, hasta triunfar, porque en la lucha contra el mal todas las armas son legítimas.

Otros dicen: “tal gobierno ha nacido impuramente, es verdad; pero no podría enderezarse! Si quiere, si se pretende realizar el progreso, lo hará. Así, pues Ayudémosle.”

¡Mentira! Si eso fuera posible, yo dejaría de creer en Dios. Todo criminal, desde el momento en que ejecuta el crimen, está corriendo tras el castigo, porque en el encadenamiento misterioso y fatal de las cosas, el más pequeñito eslabón ejerce su influencia, insignificante al parecer, pero trascendental en el fondo.

La Naturaleza practica la usura: da, pero recobra; presta, pero no perdona jamás el rédito.

Así, si para vuestros actos le habéis tomado una úlcera naciente, exigirá que se la devolváis engusanada.

Ocupáis á un ladrón, ya estáis comprometidos con el robo, y pagaréis; ocupáis a un traidor, la traición será vuestra cómplice de todos los días, y si la rechazáis, os derribará.

Sí, gracias a ti, Dios mío, las tinieblas tienen su horrible lógica, el caos tiene sus leyes, y esta monstruosa legislación del mal es precisamente lo que constituye vuestra providencia y vuestra justicia.

Escrito esto, dícenme que, en una República centroamericana, un jefe militar se ha sublevado contra su Gobierno.

¿Hasta cuándo la triste costumbre de que los militares en servicio hagan armas contra sus superiores?

Y digo triste, porque ya me canso de asquerosos calificativos.

¡Qué vida ésta, qué política ésta, de cohechos, de sobornos, de traiciones, de infamias!

¡Qué honda enemistad la nuestra para con la honradez, como si aparte ella, fuera posible fundar nada sólido, nada estable!

Abstengámonos.
Si los tigres no se hallan bien en la cueva, que se despedacen; tanto mejor. Pero nosotros, no asintamos sino a una revolución de principios, pura, regeneradora, que acabe de una vez para siempre con tanta desvergüenza y con tanta farsa.

Yo digo a la juventud: cuando suene tu hora, hazte matar, sucumbe, sacrifícate; que nunca se hace bastante por la patria. Y tu hora habrá sonado, cuando aparezca un hombre limpio de conducta, aborrecedor de los senderos tortuosos.

No fundéis sobre arena. La luz no es hija de la noche. No sembréis el germen impuro al pie del árbol de la redención, porque una partícula de sombra, basta para entenebrecer el arco-iris; porque una gota de cieno, una sola gota de cieno vertida en el agua de la purificación puede traer la pestilencia y la muerte.

Dios lo ha dispuesto así.

No pactéis con la noche, porque la noche tiene su lógica y su poder inexorables.

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