Maquet, el mosquetero olvidado de Alejandro Dumas

Muchos seguimos con avidez las aventuras y desventuras de aquel joven gascón llamado D’Artagnan,  montado en un estrafalario caballo naranja, rumbo a Paris con el sueño de ser mosquetero del rey.

Reímos a carcajadas cuando el joven e impetuoso D’Artagnan conoce de muy mala forma a los tres mosqueteros y cómo después se vuelven inseparables, nos estremecimos de emoción cuando la inquietante y maligna Milady seduce al puritano John Felton y lo convence de ayudarle a escapar y de asesinar a George Villiers, Duque de Buckingham (Por cierto fueron hechos reales).

Después de que D’Artagnan lograse entrar y ser nombrado teniente de los Mosqueteros, seguimos prendados de la aventura transcurrida en “Veinte Años después”, con los mismos amigos ya mayores pero igual de aguerridos, intentando salvar al Rey Carlos I de morir decapitado y mas tarde seguimos a los mismos personajes en la trama del Hombre de la Máscara de Hierro.

También fuimos testigos de la traición, encierro y liberación que llenó con sed de venganza el alma de Edmundo Dantés, Conde de Monte Cristo, también con la firma de Alejandro Dumas Padre.

Alejandro Dumas tenía un toque mágico para impregnar sus novelas de elementos históricos, aventuras, suspenso, intriga, pasión y en algunas ocasiones salpicaduras del humor mas fino, como cuando Porthos al recibir una carta de Aramis conminándolo a reunirse con él antes del Equinoccio llama a gritos a su criado pidiéndole su caballo y diciéndole:

– “¡Trueno deDios! ¿Quién es ese demonio de equinoccio?
– No importa: será necesario, que el tuno vaya muy bien montado si llega antes que yo”.
Portos a Mosquetón – Alejandro Dumas
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La cantidad de obras firmadas por Alejandro Dumas Padre es inmensa algunos afirman que son mas de 300 novelas, una cantidad tan grande que es imposible que de su propia mano hayan salido tantas novelas y obras de teatro, sobre todo por la carga histórica que representan ya que en esos tiempos no existía San Google y a menos que el escritor fuese un auténtico portento de conocimientos y sabiduría, difícilmente podría un ser humano tener a la mano tantas referencias clave a sucesos, fechas, lugares, costumbres y detalles geográficos.

Para lograrlo, maese Dumas recurrió a lo que se llama, a pesar de lo racista del término,  “negros literarios”, es decir a colaboradores que hacen la tarea de investigar, recopilar, y rellenar una novela basado en un esquema general de la misma, trazada por el autor, para que éste pudiera retocar el machote y añadirle su pincelada maestra.

Se dice que Dumas tuvo hasta 63 “colaboradores” trabajando en sus novelas, haciendo las labores de investigación, recopilación y redactado de borradores de sus novelas, siguiendo los esquemas que el afamado escritor trazaba, luego añadía su propio estilo puliendo el escrito hasta dejarlo como una “obra de Dumas”.

Entre estos “colaboradores” se destacó maese Auguste Maquet, quien era un profesor de historia con inquietudes literarias que eran ingredientes para la novela histórica, muy en boga a lo largo del devenir de la literatura clásica y contemporánea.

Maquet nació en París en 1813 en la rue Quincampoix, siendo el mayor de ocho hermanos en el seno de una familia acomodada.

Durante los años 1821 a 1830 fue alumno del Lycée Charlemagne (Liceo Carlomagno), donde tuvo como compañeros a Théophile Gautier y Gérard de Nerval y en 1831, a los dieciocho años, se convirtió en profesor adjunto de historia del Liceo.

Formado como historiador, se doctoró en Letras y aunque su primera opción era la docencia, reprobó la agregación de letras en 1832, luego abandonó la Universidad hacia 1835 para emprender una carrera literaria y se acercó a figuras literarias como Théophile Gautier y Gérard de Nerval, formando parte de Le Petit-Cénacle (o camaradería Bousingo) junto a otros autores.

Auguste Maquet

En 1841 uno de estos amigos, Gérard de Nerval, envió al entonces ya reconocido escritor, Alejandro Dumas el borrador de una obrita teatral creada por el profesor de historia, llamada “La noche de Mardi Grass”.

Dumas muy interesado en el escrito, “retocó” la obra, es decir le dio “estilo”, le cambió el título a “Bathilde” y su editor la publica en coautoría con Maquet, convirtiéndose en un éxito de ventas, al llevar la firma de Alejandro Dumas.

Mas tarde, Maquet le ofrece a Dumas, una novela que había titulado: “Le Bonhomme Buvat” algo así como “El Buen Hombre Buvat” que recibe el mismo tratamiento de retoques de parte del maestro y se publica por entregas como “El Caballero de Harmmental”, en este caso el editor sugiere que en los créditos solo aparezca Dumas por razones de peso comercial. Maquet acepta a cambio de una cuantiosa suma de dinero y ahí comienza una larga y azarosa relación.

De esta manera nacen las obras consideradas cumbre de Alejandro Dumas, como la conocidísima saga que iniciaba con “Los tres Mosqueteros”, su continuación: “Veinte años después” y su culminación: “El Vizconde de Bragelonne”, y su otra saga que comenzaba con “El Conde de Monte Cristo”, luego “La reina Margot”, que se vendieron a millares, volviendo inmensamente rico a Dumas, de lo cual Maquet obtuvo su buena tajada ya que Alejandro Dumas le pagaba muy bien por su colaboración que consistía en documentar históricamente la novela y armar una estructura general de la misma, es decir construir los cimientos y estructura principal de la obra para que Alejandro solo corrigiera el estilo y le diera el acabado final.

Pero hay que reconocer el genio de Dumas para dotar una simple narración en una sabrosa aventura que engancha al lector de una manera que muy pocos autores pueden hacerlo, pues no aburre a pesar de las fuertes referencias literarias y documentales, algo que no sucede digamos con Víctor Hugo, que es mucho mejor escritor que Dumas pero en sus novelas tiene pasajes pesadísimos con descripciones excesivamente detalladas de iglesias, sucesos, guerras y eventos.

Elementos que logran a veces espantar a un buen lector, a tal punto que cuando se relee una de sus novelas, estos pasajes son automáticamente saltados ya que no le aportan a la historia mayor valor agregado que el de situarlo en el contexto histórico o social, esto me pasa con Los Miserables y con El jorobado de Notre Dame, (que no es ni de cerca la basura que Disney presentó hace años). Por cierto a mi hijo le tomó casi como un año leerse Los Miserables por estos, a veces, insufribles pasajes descriptivos, pero admite que es con mucho, la mejor obra que ha leído en su vida.

Regresando a Dumas y Maquet, el escritor francés tenía una verdadera fábrica de novelas que producía éxitos a granel y se traducían en pingues ganancias para todos, pero la fama y el reconocimiento eran solo para Dumas, lo cual terminó hastiando al historiador quien cansado de una relación que consideraba injusta, rompió su sociedad con Alejandro Dumas en 1851, diez años después de iniciada y publicó el libro “Alejandro Dumas y Cía., Fábrica de Novelas” en la que denunciaba al autor como un simple usurpador de novelas que solo firmaba lo que otros escribían, incluso levantó un juicio para reclamar mucho mas dinero del cobrado.

Sin embargo, como suele suceder en las novelas, el fallo fue a favor de Dumas ya que el estilo era propio del autor, los escritos de sus colaboradores estaban bien documentados y estructurados pero no se comparaban a la obra final retocada por Alejandro Dumas.

De esta peculiar forma de escribir novelas se cuenta la famosa anécdota entre Alejandro Dumas Padre y su hijo, de igual nombre, en la que el padre, al encontrarse con su hijo en un restaurante, lo saluda efusivamente y le dice:

– Querido hijo, ¿Has leído mi última novela?

Alejandro, hijo se lo piensa un momento y le responde:

– Yo sí, padre, ¿La has leído tú?

A pesar del éxito literario y las enormes fortunas que ganaba con sus obras, Alejandro Dumas no administraba bien sus bienes y vivía entre el derroche y el lujo excesivo a tal punto que siempre vivía endeudado, se embarcó en aventuras financieras desastrosas que le costaban mucho dinero y lo dejaron en bancarrota, se mantuvo gracias a la relación con el caudillo italiano, el general Giusepe Garibaldi, pero terminó sus días en pobreza.

Al contrario, Auguste Maquet murió rico aunque desconocido por el mundo literario, a pesar de haber sido un mosquetero literario de uno de los más grandes escritores del mundo.

Pueden escuchar aquí una interesante reseña de la relación entre Dumas y Maquet:

Alejandro Dumas y Auguste Maquet

http://archive.org/download/pasajes_Auguste_Maquet_vs_Alejandro_Dumas/31_-_Auguste_Maquet_vs_Alejandro_Dumas.mp3

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