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Blog de autor de Omar Nipolan

La leyenda del volcán Chichontepeque

La mujer del volcan de San Vicente

El volcán Chinchontepec o Chinchontepeque es representativo del departamento de San Vicente en El Salvador, tiene una altura máxima de 2170 metros sobre el nivel del mar, curiosamente en su cima, tiene dos elevaciones o cerros que, en el imaginario colectivo, simulan los dos pechos de una mujer acostada.

El volcán está situado a sesenta y tres kilómetros de San Salvador y aproximadamente a unos ocho kilómetros al suroeste de la ciudad de San Vicente.

El volcán y sus faldas se encuentra ubicado entre los municipios de Guadalupe, San Vicente, Tecoluca y Tepetitán (en el departamento de San Vicente) y, los municipios de San Juan Nonualco y Zacatecoluca (en el departamento de La Paz).

Según algunas versiones el nombre, Chinchontepeque significa “Cerro de los dos pechos” en idioma náhuat, de ahí se deduce la razón del porqué la palabra que se usa en El Salvador para referirse a los senos femeninos sea “Chiche”.

La palabra “chichi”, como llaman a los senos en México, se encuentra en el náhuat mexicano también, en uno de los diccionarios más importantes de la lengua náhuatl es el “Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana” del lexicógrafo francés, Rémi Simeón, en donde se pueden encontrar una gran cantidad de palabras cuya raíz “chichi” tiene que ver con la acción de amamantar:

Chichitia, por ejemplo, significa “dar de mamar”;

chichini significa “el que mama”;

chichiliztli es “la acción de mamar”,

incluso, cuando una bruja o un nahual chupaba a alguien, el verbo que se utilizaba era nitechichina

(significa literalmente “chupar a la gente”);

una nodriza (la persona que amamanta a los bebés ajenos) era una chichiua;

el verbo para “mamar” era nicchichi y

un oc chichi piltontli era el lactante, un niño que todavía mama.

También el diccionario dice que no debemos confundir los senos con “chichi” a secas porque esta palabra significaba perro y chichitl significa saliva.

Entonces para decir “seno” en nahuatl antiguo la palabra correcta es chichiualli, aunque los nahuablantes actuales usan otro tipo de variantes que cambian según la región.

Por deformación en México se les llama “chichis” a los senos y con el tiempo y los naturales cambios lingüísticos por transmisión oral de la palabra, a nuestra tierra llegó como “chiches”.

Aclarado esto, volvamos al volcán de San Vicente cuya forma recuerda a una mujer acostada boca arriba con sus dos “chiches” al aire, lo cual ha dado lugar a la siguiente leyenda.

Leyenda del Chinchontepeque

Se dice que antes de que el volcán tuviera la forma que hoy presenta, es decir cuando tenía un cono volcánico normal, vivió por la zona una hermosa mujer, tan hermosa que todos los hombres se enamoraban de ella con solo mirarla y la querían desposar y poseerla para toda su vida, a fin de poder extasiarse de su belleza y procrear sus hijos con ella.

Y no era uno o dos, sino cientos, pues la fama de su belleza había llegado hasta muy lejos y de todas partes llegaban hombres que ansiaban poder verla y corroborar lo que las historias decían, pero ella, esquiva y retraída, se ocultaba de todos, viviendo en constante huida, porque la bella dama no tenía ningún interés en tener esposo o amante y menos a la fuerza.

Su forma de ser, respecto a esquivar acercamientos con los hombres, recuerda un poco a la amazona romana “Camila” que Virgilio retrata en su “Eneida”.

Para evitar el contacto con hombres, que invariablemente terminaban acosándola y requiriéndola, ella subió al volcán, que le ofrecía refugio y al mismo tiempo cobertura, pues al ser tan inmenso, era prácticamente imposible saber dónde andaba y por añadidura, encontrarla.

Así, eran muchos los hombres que subían al volcán en su búsqueda infructuosa y no encontraban a nadie más que a otros colegas que andaban en la misma inútil tarea.

Con el tiempo disminuyó la cantidad de hombres que la buscaban, quedando únicamente los que alguna vez, sí la habían visto y a causa de ello, estaban perdidamente enamorados de la misteriosa y bella mujer.

Un día uno de los más dedicados perseguidores, subió y subió hasta llegar a la cumbre del volcán, que se mantenía activo en una constante y tranquila erupción, con un cráter en la punta del cono del volcán y un lago de lava al fondo que solo burbujeaba magma.

Mientras el enamorado deambulaba tristemente por la orilla del cráter, alcanzó a ver una figura en el otro extremo.

¡Era ella!

Entonces corrió y le gritó que no le tuviera miedo, que solo quería conocerla para hablarle, que su corazón hervía de amor por ella, que nunca la dañaría, corriendo entre gritos y jadeos, le decía muchas cosas más.

Cuando ella se dio cuenta, quiso huir y emprendió la retirada por el otro lado de la orilla del cráter, pero fatalmente, tropezó con algún tronco o piedra suelta y perdiendo el equilibrio se precipitó por el cráter, cayendo en el lago de lava ardiente que estaba en el fondo.

Entonces ocurrió que el volcán entró en una furiosa erupción explotando en una furiosa nube de fuego y gases que mataron al joven perseguidor y de paso a muchos otros cazadores en medio de derrumbes y cataclismos que terminaron modelando el volcán hasta darle la forma de la bella mujer acostada sobre el volcán, con sus dos pechos irguiéndose al aire.

Desde entonces el volcán se llamó Chinchontepeque o “Cerro de los dos pechos”.

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