La leyenda de la Siguanaba

La Siguanaba, es un personaje femenino que protagoniza una de las leyendas más conocidas y en cierto modo, queridas, en El Salvador, aunque en realidad, el mikto es compartido en casi toda la región centroamericana e incluso se encuentran versiones similares del personaje desde México hasta Colombia y Venezuela.

En la leyenda cuscatleca, La Siguanaba es una mujer horrible que se mantiene cerca de ríos y quebradas, sus pechos le cuelgan largos, flácidos y los utiliza para golpearlos contra las piedras y el agua de los ríos, simulando el sonido de la ropa cuando se lava.

Sin embargo, tienen el poder de transformarse y se aparece, preferentemente de noche, a los hombres infieles, trasnochadores o mujeriegos, aparentando ser una mujer blanca, muy hermosa y seductora, que, con su belleza atrae irremediablemente a sus víctimas, quienes enloquecen de pasión y deseo por ella al punto que pierden todo control sobre sí mismos y en un giro inesperado los lleva hacia el horror, la perdición de su cordura o incluso de su vida.

Se le encuentra por lo general en los ríos o cerca de ellos, a veces lavando ropa o bañándose, echándose agua con un huacal de oro y cepillándo su larga y hermosa cabellera con un peine del mismo material.

Casi siempre en los encuentros relatados por el imaginanio popular, se encuentra de espaldas, vestida apenas con una especie de túnica blanca que deja entrever un cuerpo muy sensual y voluptuoso.

Su visión enardece a los hombres que se le acercan para poder seducirla y cuando ya están muy cerca de ella, se vuelve de improviso, mostrando una cara horripilante que aterroriza a su víctima, quien huye presa del pánico a tirarse a un barranco o bien a causa del miedo, pierden totalmente la razón, mientras ella se ríe a carcajadas de forma escalofriante, haciendo que su víctima, sino se muere, quede “jugado”, es decir loco y sin alma, en estado catatónico para el resto de su vida.

En otras versiones, aparece en los caminos, simulando ser una linda joven, desamparada con el cabello ocultándole la cara o parte de ella y sus víctimas, (siempre hombres), al acercarse a ella con pérfidas intenciones, ya que su belleza los seduce, cuando la tienen muy cerca, son expuestos a su cara, cuando ella se aparta el pelo para mostrar su lado espantoso, con el mismo resultado para el trasnochador.

Algunas veces se muestra como siempre bella y desamparada y pide a los jinetes noctámbulos que las lleve a grupas en sus monturas y según las intenciones que tenga el jinete con la hermosa chica no tarda en mostrarse en su forma natural, ante el horror de su víctima que siempre termina loco o muerto.

Historia de la siguanaba

Origen de la leyenda salvadoreña

Según la tradición salvadoreña, la mayoría de las versiones concuerda con que se trataba de una mujer indígena, cuyo nombre era Sihuehuet, que era muy bonita pero a la vez malvada y muy libidinosa, además practicaba la brujería.

Así, usando todos sus encantos naturales y con la ayuda de sus artes negras, se empeñó en enamorar al príncipe nahua Yeisun, que era hijo de Tlaloc, y a fuerza de artes oscuras, logró que éste se apasionara de ella, hasta el punto que el príncipe terminó por unirse en matrimonio a ella y de esta manera Sihuehuet pudo convertirse en princesa, ganando prestigio social y cierta dosis de poder.

Con Yeisun tuvo un hijo que le pusieron como nombre Cipit (o Cipitío), que desde muy pequeño fue descuidado por su madre, pues cuando su marido se iba a pelear una guerra o a realizar algún trabajo y se ausentaba de su casa, Sihuehuet aprovechava el espacio y tenía amoríos con otros hombres, dejando al pobre Cipit a su suerte, al punto que el niño, hambriento, comía ceniza de la cocina, desarrollando por esta razón una enorme panza.

A tanto llegó la maldad de Sihuehet que para ser libre y poder gozar a sus anchas, disponiendo del poder de su esposo, lo embrujó, convirtiéndolo en un monstruo de dos cabezas al darle una poción mágica, que fue expulsado del pueblo, mientras ella reclamaba el trono junto a uno de sus amantes de turno.

Tlaloc, padre de Yeisun, se enteró de lo que su nuera había hecho e indignado, decidió castigarla de por vida pidiendo ayuda a Teotl quien la maldijo para convertirla en la Siguanaba, pero como daño colateral, su hijo, Cipit, también sufrió la condena de vivir eternamente.

En otras versiones, Sihuehuet está casada con el mismo Tlaloc y es al propio Dios a quien engaña, con el mismo resultado, la maldición de la pérfida mujer en someterla al eterno castigo de ser un espíritu errante

Su hijo, se convirtió en el Cipitío, un eterno niño que también forma parte del folclor salvadoreño.

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